o tal vez sea el calor de tu cuerpo ardiente
distante, que, por más lejos que estés, me alcanza
a mi alrededor un bosque de árboles metálicos
me vigilan de día en día y critican mis decisiones
erráticamente, cuando menos me lo espere
pero lo mejor es que desde los nidos de los pájaros
oigo canciones viejas, de la primavera de mi vida
que me incitan lágrimas cálidos que fluyen
y se caen sobre mis zapatos sucios.
me gusta tanto oír estas canciones que
capturé uno de los pájaros y lo enjaulé
para que me cante todos los días
ya estoy convencido de que me ama este pajarito
extranjero, viajero.
olas saladas me limpian de noche.
me quitan la ceniza del día ya que
de la nada me crecen alas y
grito. los árboles se vuelven llamas sedientes
sedientes por mi sangre y mi felicidad.
Pero esta vez, no. No me va a conquistar la tristeza. Ya no lloraré cuando me siento solo. Tampoco puedes controlarme ya. Me he bautizado en el fuego de la soledad y mis cicatrices no me hacen feo; me protegen de la maldad. Acepté y superé. Voy a cuidarme a mí mismo y crear mi propia felicidad. He transfigurado. No soy mártir y tampoco quiero serlo. Pero soy fuerte. Soy independiente.
Por eso estoy aquí.