No quiero imitarla. No quiero sufrir así cómo ella sufría, aunque a veces creo que ya pasé por esta etapa de mi vida y que todo pronto se va a mejorar. Admiro su independencia y quiero poder ser así de independiente; adoro su forma de ser, pero reconozco que su hubris--la incapacidad de aceptarse a sí misma--era lo que la destrozaba. Usualmente creo que en este aspecto, nuestras historias se bifurcan...pero cuando me soy sincero y rechazo las ilusiones que utilizo para hacer que mi vida me aparezca más ideal, admito que yo también sufro de este mismo problema.
Es que existe una contradicción externa en mi vida entre lo que yo quiero--el éxito, la felicidad, la independencia-- y lo que los demás quieren de mí--el éxito, la felicidad, la independencia. Nuestras concepciones de estas ideas se oponen y lo sabemos, pero nadie quiere decirlo en voz alta. Hay algo tan inquietante de esta admisión. Bueno, le he hecho la pregunta, ¿qué debería hacer? mil veces, y su respuesta siempre es la misma: No tengas miedo, la vida es demasiada corta. Vívela, y no dejes que te viva.
Suena fácil. Cuando considero viviendo la vida al ritmo de mi propia marcha y dejando que los demás me critiquen, me da un sentimiento de tristeza enorme. No puedo, al menos no por ahora. La verdad es que viví de esta forma una vez, Adèle, y me rompió. Mejor vivir vicariamente a través de la literatura y el film. Mejor seguir distorcionando mi cosmovisión con nociones del idealismo. Quiero ser feliz, pero tendré que esperar hasta que tenga el autoestima suficiente para poder seguir mi propio camino.
La vida es difícil, mais pas besoin de comprendre.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario